Toxoplasma gondii en carnes o productos cárnicos de consumo -

Diagnóstico molecular (PCR); Bioensayo en ratón

 

La toxoplasmosis causada por un coccidio, Toxoplasma gondii, es una zoonosis de distribución universal, siendo una de las infecciones protozoarias parásitas más frecuentes a nivel mundial.

 

Este coccidio posee dos tipos de hospedadores, uno definitivo con un ciclo sexual, y uno intermediario, únicamente con desarrollo de un ciclo asexual esquizogónico, sin reproducción ciclo sexual.

 

Los hospedadores definitivos son los félidos, como los gatos y otros felinos salvajes, donde se desarrollan las formas sexuales en un ciclo esquizogónico y esporogónico, que tiene lugar en las células de la mucosa intestinal, dando lugar a taquizoítos como parte del ciclo asexual esquizogónico, que evolucionan a macrogametocito y microgametocito (femenino y masculino, respectivamente), que tras una reducción meiótica generan los macrogametos y microgametos, que se fecundan, generando el cigoto. El cigoto madura y genera el espoquiste que inicialmente contiene dos esporoblastos y finalmente dos esporoquistes cada uno de ellos con cuatro esporozoítos. Los ooquistes contienen en su interior los esporoquistes con los  esporozoítos infectantes. Los félidos excretan millones de ooquistes en sus heces que contaminan el medio ambiente.

 

Los hospedadores intermediarios, donde se desarrolla el ciclo asexual esquizogónico, pueden ser cualquier animal de sangre caliente, como cualquier especie de mamífero o aves, que se infectan al ingerir los ooquistes maduros esporulados con los ooquistes, o con los quistes tisulares presentes en los tejidos, principalmente músculos o cerebro de los hospedadores intermediarios. En el ciclo asexual esquizogónico, generado a partir de la ingesta de ooquistes procedentes de heces de félidos, los esporozoítos de los ooquistes atraviesan la pared intestinal y se introducen en células de diversos tejidos, como las células musculares, multiplicándose en forma de trofozoítos muy activos, que en el caso de Toxoplasma gondii, se denominan taquizoítos. Los taquizoítos se multiplican y son liberados de las células donde se han multiplicado por fisión binaria, infectando nuevas células. Cuando pasan a fase de latencia se enquistan en los tejidos, donde se mantienen en forma latente, denominándose bradizoítos.

 

La infecciones humanas suelen ser asintomáticas en personas inmunocompetentes, considerándose que un tercio de la población mundial está infectada por Toxoplasma gondii. Sin embargo, las infecciones pueden ser graves en los pacientes inmunocomprometidos (infectados por virus de inmunodeficiencia humana –VIH-., receptores de trasplantes de órganos, neoplásicos, …). En los pacientes inmunocomprometidos puede ocurrir la infección, pero también la reactivación de quistes tisulares con bradizoítos en estado latente. La afectación cerebral, ocular o ganglionar, suelen ser las manifestaciones más frecuentes. Las mujeres gestantes representan un grupo de riesgo importante porque durante la fase de parasitemia de taquizoítos liberados de las células donde se han multiplicado, pueden atravesar la placenta y pasar a los tejidos embrionarios o fetales, con el consiguiente daño generado por su multiplicación en ellos, siendo causa de abortos, muerte neonatal o nacidos con afectación física o mental. El mayor riesgo para la transmisión placentaria ocurre cuando se infecta una mujer que carece de anticuerpos (seronegativa), poco antes del embarazo o al principio de este, porque la parasitemia puede conllevar el paso transplacentario.

 

Las personas se infectan cuando ingieren carne cruda o poco cocinada de animales infectados, aves (pavos, pollos, …) o mamíferos (principalmente cerdos, corderos, bovinos, …), en los que el parásito se encuentra viable, o cuando ingieren alimentos o agua contaminados con ooquistes (ambientales o en vegetales contaminados) a partir de heces de gatos. Los tipos de alimentación, métodos culinarios, prevalencia de gatos infectados, y métodos de cría de animales, representan elementos que influyen en el grado de transmisión a personas. Así por ejemplo, la actual tendencia en algunos sectores a favorecer las granjas de cría orgánica de cerdos aumenta la prevalencia de su infección por Toxoplasma gondii.

 

El jabalí (wild boar, Sus scrofa) se considera un buen indicador de contaminación ambiental con ooquistes, por lo que varios investigadores han realizado estudios de este hospedador intermediario para conocer el grado de parasitación en animales salvajes. Además, en algunos países europeos su carne se consume localmente y se distribuye en la cadena alimentaria.

 

Pruebas recomendadas para el diagnóstico:

 

Se han utilizado varios métodos para conocer la parasitación en varias especies animales. Por ser más asequible, la detección de anticuerpos de clase IgG, es el método que más se ha utilizado, bien con muestras de suero de animales, o muestras de jugos obtenidos a partir de carnes de animales sacrificados destinados al consumo. Se han utilizado muchos tipos de métodos serológicos (aglutinación pasiva, fijación de complemento, hemaglutinación pasiva, inmunofluorescencia, ELISA,…). Estos métodos tienen como ventaja que son muy asequibles a los laboratorios, pero tienen como inconveniente la necesidad de la muestra de suero de los animales, y que a veces no existe parasitación tisular aunque existan anticuerpos detectados.

 

El segundo método utilizado por orden de frecuencia ha sido el bioensayo, utilizando ratones que son inoculados por vía digestiva o intraperitoneal con homogeneizados preparados a partir de carnes de animales sacrificados, y en los que posteriormente se observan los taquizoítos de Toxoplama gondii. Este método, utilizando ratones o gatos, se considera el método de referencia (“Gold standard”) para detectar la parasitación, aunque tiene el inconveniente de la necesidad de usar animales de experimentación, el tiempo requerido, y de no ser útil para procesar gran número de muestras.

 

Actualmente, se están imponiendo los métodos moleculares (PCR de diversas formas: anidada –nested-, de captura, en tiempo real, …). Estos métodos tienen el inconveniente de que puede existir una afectación diferente de distintos tejidos, y no encontrarse los parásitos en el tejido sometido a examen, pero tienen la ventaja respecto a la serología de demostrar la presencia real del parásito, y de obviar el uso de animales de experimentación con el consiguiente beneficio ético respecto al uso de animales de experimentación y la rapidez en la obtención de los resultados.

 

Pruebas realizadas en IVAMI:

 

  • Método de bioensayo en ratón.
  • Método de diagnóstico molecular por PCR anidada (nested) en muestras de tejidos cárnicos.

Muestra recomendada:

 

  • Muestra cárnica (tejido muscular, preferentemente diafragma o corazón, para detectar parasitación en un animal, o cualquier otro tipo de muestra en la que se desee excluir la presencia de Toxoplasma gondii, embutidos -incluido jamones curados-, …): 10 a 100 gramos.

Conservación y envío de la muestra:

 

  • Refrigerada (preferido) durante menos de 2 días.
  • Congelada: más de 2 días.

 

Plazo de entrega:

 

  • Diagnóstico molecular (PCR): 48 a 72 horas.
  • Bioensayo en ratón. 21 días.

 

Coste de la prueba:  

 

  • Detección molecular (PCR) con digestión tisular: Consultar a ivami@ivami.com